Frankincense

El incienso Frankincense se deriva de la resina del árbol Boswellia  fue uno de los productos más comercializados, formando parte esencial de rutas comerciales entre Arabia, África y Europa. Era tan valioso que en algunos períodos fue considerado más preciado que el oro. Frankincense ha sido utilizado en rituales religiosos en varias culturas al tener una larga tradición en la medicina ayurvédica y en la medicina tradicional china. Se le atribuyen propiedades antiinflamatorias, analgésicas y expectorantes.

 

Al encender una varilla de Frankincense, notarás tonos amaderados y terrosos con un toque balsámico. A medida que se quema, el incienso libera notas cítricas suaves y un matiz de pino. Esta combinación de calidez resinosa y frescura cítrica es lo que lo hace tan especial y apreciado. Está elaborado con una combinación de resina de Boswellia y de mirra junto a otros componentes naturales y aceites esenciales puros para añadir más beneficios al incienso.

Usos

Frankincense se utiliza principalmente para purificar y limpiar energéticamente espacios como hogares, oficinas o templos y también para limpiar el aura o el campo energético personal. Se cree que su aroma disuelve las energías negativas y las vibraciones pesadas, creando un ambiente más ligero y armonioso. Se considera que el frankincense no solo limpia, sino que también actúa como un escudo protector, evitando que nuevas energías negativas entren en el espacio.

 

En un rincón apartado del bosque, el Guardián del Santuario mantenía el fuego sagrado con devoción. Cada mañana, al encender el altar y ofrecer incienso, el templo se llenaba de una fragancia celestial que elevaba el espíritu. Un día, un joven llegó al santuario en busca de claridad, el Guardián, con calma y sabiduría, encendió una varilla de Frankincense. El suave humo dorado se alzó, envolviendo el templo en una atmósfera de paz y pureza. El joven sintió cómo sus preocupaciones se desvanecían y su corazón se aliviaba. El Guardián le explicó que el frankincense purificaba y conectaba con lo divino, abriendo el camino hacia una profunda serenidad interior. Renovado por la experiencia, el joven partió con un nuevo sentido de paz, llevando consigo el don sagrado del incienso.